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Firma invitada.- Vicente Nogueroles

Por Vicente Nogueroles
Por Vicente Nogueroles

La calle, otra vez ninguneada y maltratada

Diez mil almas, esas fueron los aficionados presentes el pasado mes de julio en la gran noche de la Desencajonada, tan tradicional y emotiva en Valencia. Fue una más, una más después de las dos manifestaciones, después de aquel gran Congreso de Tauromaquia del pasado invierno, fue la guinda de dos años frenéticos de actividades culturales, didácticas, reivindicativas y festivas que organiza la Federación de Peñas Taurinas de Bous al Carrer de la Comunitat Valenciana.

Un lema: “La Tauromaquia no se toca”; un objetivo: “Enseñar la Fiesta a los niños”. Con todos mis respetos, no nos hizo falta aquí en Valencia que muriera ningún torero para preparar un programa de actividades para niños, palcos gratuitos, actividades didácticas, jornadas de puertas abiertas en la plazas de toros y un sinfín de actividades que no van a cesar.

Si les soy sincero, no fue fácil, ni sigue siéndolo (desde el pasado sábado posiblemente casi imposible), ser el motor taurino de la Comunitat Valenciana. Las Peñas de Bous al Carrer, sí, esas que año tras año siguen dando números de escándalo y que el pasado año 2016 superaron la cifra de los 9.000 festejos, han visto año tras año como el sector “plaza” los ha querido relegar a un segundo plano, a lo más bajo, en muchos casos en la deshonra, como si el aficionado de la calle fuese un bicho raro. La U.T.C.V. se creó precisamente para revertir esta situación, para pedir el respeto que se merecen los de la calle, lo denomino así con todo el respeto del mundo, yo también soy de la calle.

Donde parece que es todo jolgorio y fiesta, hay una organización tan estructurada y medida por los propios aficionados y organizadores de cada día de Bous al Carrer que no habría dinero suficiente para pagar los honorarios de las horas dedicadas por cada uno de ellos con el único fin de ofrecer gratuitamente a los simpatizantes del Bou al Carrer un día inolvidable.

Los que lo han querido comprobar lo han disfrutado y lo han comprendido, en nuestras calles queremos el toro íntegro, el toro con trapío, el toro de verdad, y además lo pagamos, lo vuelvo a decir: además, pagamos lo que nos pide el ganadero, sin reproches ni regates, además la mitad por delante y lo que queda al embarcar el toro para su destino.

El pasado sábado, en una localidad de la provincia de Valencia, el vaso se llenó hasta arriba. Son muchos años ya de engaños y mentiras por gran parte de los ganaderos de España, sí, los ganaderos, esos a los que entre otros también defendimos y colocamos en las primeras filas de nuestra manifestación y digo nuestra porque nosotros la organizamos, la pagamos y nos la jugamos, ni más ni menos que el aficionado del Bou al Carrer.

¿Es de sentido común que una comunidad autónoma que exhibió el pasado año más de 3.000 machos cerriles sea ninguneada de esta manera por gran parte de los ganaderos? ¿Es de recibo que un toro que se compró íntegro (según palabras del ganadero) esté a dos días del festejo con un puyazo en todo lo alto?

Ustedes verán, y les recuerdo que este no es un hecho aislado, esto es la gota que colma el vaso. Sólo quisiera que nos dijera alguno de aquellos que se sienten tan por encima de nosotros cómo le explicamos a todos los niños y jóvenes que esperaban en nuestros toriles, preparando con todo el cuidado del mundo las corraletas para que el toro estuviera como en la dehesa, que otra vez más nos han engañado.

Que alguien nos diga con qué ánimo vamos a acudir a la próxima Feria de Fallas, Magdalena o Fogueres a enseñar a nuestros hijos lo que es una corrida de toros si los que allí participan no sienten el mínimo respeto por nuestras raíces.

Esperamos respuesta.

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